domingo, 10 de enero de 2010

LA MIRADA DE LA EMOCIÓN














De repente se abre una ventana con toda la fuerza de una corriente de aire, las contra-ventanas golpean la pared y las cortinas ondean al viento como un vestido de vuelo en una pista de baile.
No tengo muy claro porqué en un momento dado, justo y únicamente en ese momento se toma una decisión que cambia el rumbo de las cosas.

Una ciudad, Praha, me enseñó a amar otras ciudades. Esa ciudad durante más de dos años me inundó de impactos, me asaltó con sorpresas y novedades. Ahora vuelvo a buscar esas sensaciones. La bola del mundo ha girado. Un leve impulso en un punto, el dedo índice apoyado en ningún lugar la ha hecho girar sobre su eje.

Como si de una ruleta se tratase, London es la ciudad escogida por el azar. Una ciudad por conocer y por tocar. Una ciudad tantas veces descubierta que ahora me toca a mi descubrir.

Creo que los grandes pueden perder y los pequeños ganar. Creo que todo puede ser y me voy, me voy a vivir una experiencia fascinante.

Algunas veces me revelo contra un destino endurecido por la prisa. Un destino sin carácter. Quiero vivir muy despacio cosas intensas. Y quiero sentarme también despacio a recordarlas, viviendo siempre en el presente.
Algunas decisiones modifican la vida sin más remedio. Me atrae descubrir que parte de Londres se va a hacer visible para mi. Con que detalles se va a quedar mi mirada, que impresiones harán que de nuevo me enamore de una ciudad.

Hace unos días escuché a un viajero expresar un pensamiento en voz alta. Decía que cuando se llega a un lugar por primera vez, se tienen unas sensaciones especiales. Este viajero después de rodar por todo el mundo se preguntaba que sentiría si por primera vez viese su ciudad. Por un instante quería tener esa sensación especial con su propio país, Catalunya.

Siempre me ha atraído esa huella que deja el impacto y la sorpresa cuando se descubre algo desconocido. Abres los ojos. Los abres mucho y empieza a desfilar la emoción de la novedad.
Sé de mi tendencia a ver las cosas con cierto sabor dulce... y por Londres tendré la sensación de no ir por el asfalto. Iré descalza, andando sobre una mullida alfombra de hierba fresca.

Carmen, sabes que siempre lo disfrazo todo un poco. Me gustan las metáforas, los aporemas, el doble sentido... el parágrafo anterior es mi forma de decirte - Darling, voy a estar bien.

Cuando salga a la calle y vea las siluetas de la gente cruzándose, siguiendo su rumbo, con las manos en forma de concha, agarrando un café, para recibir su calor. Sí, esa imagen tan urbana que a ti tanto te gusta. Cuando yo forme parte de esas siluetas... pensaré que tu estás a mi lado. Que vamos hablando de tantas y tantas cosas como hacemos siempre. Haré dibujos de flores psicodélicas para ti en los posa-vasos, en los billetes de metro, en los sobres de azúcar. Te los enviaré para que te rías.

A lo lejos del todo la raya del horizonte demarca el fin del mundo pero cuando avanzas se aleja y se aleja. Así hasta el infinito.

Creo que en el fondo no soy tan valiente como parezco. Desde hace unos días tengo esa sensación de miedo que te oprime justo antes de saltar al vacío. Si saltase de tu mano no tendría tanto miedo. Siento vértigo pero aún así voy a saltar.

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